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La dictadura de la TV

Un bajón para el ojo idiota: la televisión de aire en Argentina

En Argentina, los canales de televisión abierta forman un oligopolio y disfrutan de una impunidad total a la hora de hacer su programación.

El problema es gravísimo, si tenemos en cuenta que los argentinos en general son adictos a la televisión; sólo superados por los estadounidenses. Y el vicio argentino son los canales de aire.

La gente mira idiotizada la tele, sin ejercer en ningún momento el derecho a decidir; ya que muchas personas no hacen "zapping". Simplemente ponen un canal y lo dejan ahí.

Casi todos los argentinos tenemos la horrible costumbre de comer mirando la tele. Esto hace que la hora de mayor audiencia sea la de la cena. Y esto nos lleva a la gran mentira de la TV: el rating

La mentira del rating

En Argentina, la única agencia que mide el rating (los niveles de audiencia) es Ibope. Esta empresa privada, salpicada de escándalos de corrupción, mide el rating mediante el siguiente sistema:

Este sistema tiene muchas falencias. En primer lugar, 500 personas de la metrópolis no representan a los 37 millones de personas que viven en la Argentina. Además, en el interior del país hay canales de aire que no hay en la capital y son muy vistos.

En el interior se mira mucho Canal 7, el canal estatal, que llega a todo el país y se puede captar con antena tanto en la Puna como en Usuhaia. Sin embargo, en la capital no tiene rating.

Se supone que nadie debería saber quién tiene los 'people meters', pero todos lo sabemos. A menos de 100 metros de mi casa hay uno. Esto lleva a que los gerentes de los canales sobornen a quienes tienen un people meter para que dejen puesto su canal.

Ibope falsea su propia estadística. Continuamente lo hace para beneficiar a sus socios comerciales, los canales Telefé y en especial Canal 9, y perjudicando gravemente a América y en menor medida a Canal 13.

La gente con people meters es gente a la cual le pagan por ver televisión. ¿Representan a alguien? No es lo mismo ver tele porque tenés ganas, que ver tele porque te están pagando por ello.

Lo peor de todo el sistema es que descarta toda señal que no sea de aire, tal como si el televisor estuviese apagado. De esta forma es incoherente incluso dentro del universo mínimo de los people meters.

Ejemplo: Hay 10 personas en 10 casas con people meters, dos de ellas ven Telefé, una de ellas ve América. Otro juega al PlayStation (u otra consola), otro ve un video (o DVD). Alguien mira MTV, otro mira Discovery Channel; alguien mira Canal 13, otro Canal 9, y en la última casa están viendo una serie por Fox.

Si me preguntan a mí, el rating es 20% para Telefé, 10% para América, 10% para Canal 13, 10% para Canal 9, 10% para Fox, 10% para MTV, 10% para Discovery Channel, 10% para el videoclub y 10% para los videojuegos.

Pero según Ibope, el rating es 40% para Telefé, 20% para América, 20% para Canal 9, y 20% para Canal 13. Por supuesto, cuando Hadad le pague la coima a Ibope parte del rating de América pasará a Canal 9. Para Ibope el videocable, los videojuegos, el VHS y el DVD no existen.

Esto nos perjudica enormemente a todos, ya que los canales diagraman su programación de acuerdo al rating.

Si las personas "de verdad" (los que no tenemos un people meter) querríamos hacer una especie de huelga televisiva, apagando los televisores durante todo el día (o no viendo canales de aire) para reclamar mayor calidad en la tele, sería algo inútil. Los que tienen el people meter seguirían viendo lo mismo y los ratings no cambiarían.


El sistema feudal de la TV

Marcelo Tinelli, Claudio Villarroel, Carlos Ávila, Adrian Suar, Daniel Hadad, Mario Pergolini, Jorge Rial, Nicolás Repetto, Susana Giménez, Cris Morena, Mirtha Legrand, Mauro Viale. No son condes, duques, barones ni marqueses. Pero forman parte de una aristocracia de la pantalla que gobierna nuestras vidas.

Nos dicen qué ver. Qué comprar. Qué consumir. Qué pensar (Grondona). Y los argentinos son esclavos de esta absurda caja boba; ya no leen libros, apenas si leen los diarios dirigidos por las mismas corporaciones de los canales de televisión. Clarín = Canal 13. Infobae = Canal 9. Editorial Perfil (Gente, Caras, Noticias) = Telefé. Estan en todos lados, controlan todo. Sofocaron a la oposición o la compraron.

Las radios también les pertenecen a los canales. Continental y FM Hit pertenecen a Telefé. X4 pertenece a Pergolini. Tinelli cambió FM Show por Radio uno. Hadad posee, además de Canal 9 e Infobae, Radio 10. Y el omnipresente grupo Clarín, controla además de Canal 13 y el diario del mismo nombre, Ciudad Internet, Multicanal, TN, e infinidad de revistas y estaciones de radio (como Mitre).

Ávila es más modesto: sólo posee América, TyC Sports y UOL-Sinectis. Me preocupa mucho que estos monstruos corporativos además compren a los proveedores de Internet. Pronto podrán filtrar sus contenidos, ya que Internet es la única oposición al oligopolio mediático.


Pero ¿Por qué la TV es tan mala?

Bueno, la pésima calidad de los programas de TV se da por los dos puntos anteriores: el sistema feudal y el rating mentiroso. Los dueños de los canales están atornillados a sus asientos y crean la programación que quieren. Arreglan el rating con Ibope y listo. Con ratings tan altos siempre tendrán auspiciantes. Y hoy en día ("Gracias" a Adrián Suar) hay publicidad en todo, no sólo en la tanda comercial, sino también embebida en los programas.

El público cautivo

En mis revelaciones inductivas sobre el comportamiento humano he notado un interesante fenómeno que siempre pude corroborar sin jamás ser refutado: La gente vieja sólo ve canales de aire. Los mayores de 40, si bien tienen videocable, sólo ven los canales de aire (con la excepción de algún partido de fútbol...). No aprovechan todas las opciones que tienen.

Creo que es porque están acostumbrados a menos opciones. O quizás los años le limaron tanto el cerebro que sólo pueden pensar limitadamente (nota: no le tengo cariño a la gente vieja porque no usan mi tecnología). Como sea, ellos funcionan como el público cautivo de los canales de aire. Al no hacer zapping son el sueño de los Hadad y los Ávila. Televidentes esclavos que no eligen.

Como la gente no cambia de canal, los programas pueden ser tan malos como quieran sus productores que sean. ¿Para qué los van a cambiar? Tinelli hace la misma mierda desde hace 15 años. Sofovich hace la misma basura desde hace casi 40 años. Los mismos formatos, los mismos chistes malos. Tetas y culos. Boludeces para las masas analfabetas esclavas del tubo catódico. Me siento como Bob Patiño cuando quiso destruir al "cíclope electrónico".

Toneladas de novelas costumbristas a los gritos con diálogos irrelevantes. Copias de series yanquis (tumberos = Oz, cuatro amigas = sex and the city, etc.); programas de chimentos. Gente que compite consigo misma (Cris Morena produce todo lo que dan a las 6 de la tarde). Robos, y más robos. Mierda pura.

Y no se trata sólo de los contenidos. Por ejemplo, los horarios: hay programas que empiezan media hora tarde. O cambios repentinos de programación, como retrasarse en el estreno de los programas. Cuando al fin ponen algo bueno (ej: en Telefé dan '24', la serie de Kiefer Sutherland) lo cambian de horario o lo sacan del aire a mitad de la serie sin avisar (y sin terminarla jamás).

¿Qué queremos? (OK, qué quiero yo)

Estas son mis demandas: Que el rating no sea medido por Ibope. Que si no tienen un buen sistema, representativo de todo el país, no se mida. Que Tinelli, Suar, Sofovich, y todos los demás dinosaurios mentales de la TV se retiren y dejen lugar a gente nueva. Que se cambien las condiciones de copyright y regalías para permitir programas extranjeros (como Evangelion) sin tanto problema.

Que los programas empiecen y terminen a horario. Que dar una serie sea un compromiso, y la completen sin importar su rating.

Que den más películas. Que se limite la propaganda. Que la tanda publicitaria no suene más fuerte que el programa. Que se prohíba la publicidad subliminal. Que se disuelva el COMFER. Que no se censure nada. Que hayan programas de música (y no sólo cumbia). Y lo más importante: que el público deje de comer mierda.

Acordate: si no cambiás de canal, la tele no va a cambiar nunca.


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