En Argentina, el movimiento piquetero está en boca de todos. Cuando los piqueteros comenzaron con la protesta social, hace más de 5 años en el interior del país, el gobierno de Menem había dejado el país en ruinas.
La protesta estaba por demás justificada. El gobierno siguiente, de De La Rúa, no hizo sino agravar la crisis, y conocimos el drama de la desnutrición infantil viendo chicos en Tucumán y Chaco que morían por no tener qué comer.
El país no tenía más industrias, no había trabajo para nadie y era urgente un subsidio para los desocupados. Por ello los piqueteros vinieron del interior a la Capital y el conurbano, extendiendo su método de corte de rutas a el corte de calles y avenidas urbanas.
Sin embargo, De La Rúa no renunció por ellos sino por el cacerolazo de los ahorristas estafados a quienes les confiscaron sus depósitos. Esto es porque, si bien la mayor parte de la población argentina es pobre, es también inerte. La verdadera fuerza movilizadora, en sentido político, económico y social es la clase media.
De La Rúa finalmente renunció debido que la clase media se plegó a la protesta social de los piqueteros; y ya no pudo seguir gobernando.
El siguiente presidente en serio fue Eduardo Duhalde. El comprendió las razones de los piqueteros y respondió al reclamo, dando un subsidio universal de $150 a todas las familias de desocupados; y ayuda extra a los más indigentes como en Tucumán. Al fin la Argentina tuvo un subsidio de desempleo.
Entonces hubo un cisma que dividió a los piqueteros: de un lado, Luis D'Elía y los piqueteros "blandos" que se unieron a Duhalde conformes con la satisfacción del reclamo social y el fin del hambre. Del otro lado, Raúl Castells, Néstor Pitrolo y los otros piqueteros "duros" que se oponen al gobierno y quieren reclamar más cosas.
Luis D'Elía fundó un partido político formal, y fue votado por muchos convirtiéndose en diputado. Los piqueteros duros, sin embargo, rechazando las instituciones democráticas y la Constitución Nacional, continúan la protesta, ya no social, sino política.
Néstor Kirchner llegó al poder gracias al voto de los piqueteros blandos. Él lo sabe, sabe que le debe su elección a la izquierda y a los piqueteros. Él, que fue montonero, jamás reprimiría a los piqueteros. Aclaro que yo apruebo en un 100% la gestión de Kirchner, no tengo dudas en que es el mejor presidente que hayamos tenido.
El dilema actual para Kirchner es si ordena represión contra los piqueteros políticos como Castells, o si los deja continuar con este tipo de protesta violenta.
La sociedad argentina ya no adhiere a la protesta piquetera, ya que más allá de la justicia del reclamo, no se pueden compartir los métodos. La protesta piquetera ya va más allá de una protesta, se ha convertido en una acción política ilegal.
Es política, porque no responde a necesidades sociales específicas sino a un interés partidario de ciertos grupos que no logran representatividad mediante el voto (los partidos piqueteros no lograron sumar entre ellos ni siquiera un 5% de los votos en las últimas elecciones).
Es ilegal, porque según la Constitución Nacional El pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus representantes elegidos mediante el voto, la misma condena aquellos grupos quienes se adjudiquen la soberanía y el derecho a gobernar.
El método de corte de rutas y calles también es ilegal, ya que en la Constitución se establece el derecho de los ciudadanos a circular libremente por todos los caminos y vías fluviales de la Nación.
Los hechos ocurridos el viernes 15 de Julio de 2004 en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires demuestran que la protesta piquetera ha sobrepasado todos los límites que nuestra Constitución ampara.
No se debe ceder más al reclamo de grupos políticos que no adhieren a la democracia ni respetan las leyes.
Si la protesta piquetera continúa de esta forma, el gobierno debería emplear técnicas de disuasión para evitar la violencia, y en el peor de los casos hacer uso de fuerza no letal para dispersarlos.
Los líderes de estos grupos, como Raúl Castells, deben ser juzgados por todos los delitos que cometen en nombre de la gente pobre de la cual se aprovechan para sacar un rédito político (y en el caso de Castells, también económico).
De todos modos, hay ahora un gesto positivo en todo esto, Raúl Castells va a formar un partido político legal y se postulará en las próximas elecciones para senador. Que así sea, ese debe ser el método para todos los dirigentes políticos, y no los métodos piqueteros.